Amores no correspondidos
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Objetivo de esta actividad:
Aprender a aceptar el rechazo
Tener en cuenta que:
No siempre se consigue lo que se quiere, se debe ir haciendo entender al alumnado del taller que en el terreno sentimental, lo mismo que en todos los que forman nuestra vida, nos vamos a encontrar situaciones adversas y hay que aceptarlas, asimilarlas y sobreponerse a ellas para seguir progresando y que no supongan un lastre.
También se debe hacer hincapié en los modos y expresiones que utilizamos para pedir y rechazar, pues la manera en que lo hacemos quizá pueda hacer más daño que el propio rechazo en sí.
Ficha para cubrir:
Caso 1:
Yo tenía una íntima amiga desde que empezamos a estudiar en el colegio. A mí me gustaba un chico de nuestro curso desde 5º de Primaria, pero cuando fuimos un sábado a la discoteca él invitó a bailar a mi amiga, ella aceptó ya además se enrolló con él. Por supuesto al día siguiente discutimos y nunca más volví a hablar con ella.
Caso 2 versión a:
María es mi amiga desde que llegó a mi clase en 2º de primaria. Mis sentimientos hacia ella han cambiado y ahora, para mí, algo más que una amiga y así se lo dije el otro día. Ella no se sorprendió, pero dijo que para ella sólo era un amigo. ¿Me enfado?¿Sigo insistiendo? ¿Me guardo lo que siento?.
Caso 2 versión b:
María es mi amiga desde que llegó a mi clase en 2º de primaria. Mis sentimientos hacia ella han cambiado y ahora siento cosas que ni siquiera yo entiendo. No sé qué hacer. Me gustaría decirle que cuando estoy cerca de ella me tiemblan las piernas y apenas puedo hablar, pero sé que si se lo digo no me volverá a hablar jamás. No le he contado a nadie que me gustan las mujeres.
Caso 1- ¿creéis que hay razón suficiente para romper la amistad?. ¿podrían seguir siendo amigas? ¿es la amiga responsable de que el chico no esté interesado en ella?
Caso 2a- ¿qué creéis que debe hacer él?
En el caso 2 b ¿debe arriesgarse y decirle a su amiga lo que siente? ¿crees que la entenderá si lo hace? ¿ seguirá siendo su amiga?
En los tres casos, dadles consejos para asimilar el desamor y recursos para sentirse mejor después de haber recibido un no.
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jueves, 22 de enero de 2009
sábado, 22 de marzo de 2008
Desprenderse de algo....

Las personas que algún día amamos, lo mismo que los objetos, son valiosas en sí mismas al margen de que ya no lo sean para nosotras/os en la actualidad.
Y ese valor puede ser apreciado por otra persona. Esa persona o esa relación que sentimos que no nos conviene, no nos hace feliz o nos lastima, puede ser interesante, satisfactoria o conveniente para otra persona.
Hay que dejar partir aquello que no nos va bien y abrirse a nuevas posibilidades satisfactorias.
El primer paso para iniciar una despedida es que realmente deseemos despedirnos.
Pero una cosa es lo que deseamos conscientemente , lo que se dice o el pedir ayuda, y otra muy distinta lo que deseamos inconscientemente, las resistencias que tenemos a cancelar esa historia de nuestra vida, a despedirnos realmente, lo que hacemos para recuperar lo perdido.
Y ese valor puede ser apreciado por otra persona. Esa persona o esa relación que sentimos que no nos conviene, no nos hace feliz o nos lastima, puede ser interesante, satisfactoria o conveniente para otra persona.
Hay que dejar partir aquello que no nos va bien y abrirse a nuevas posibilidades satisfactorias.
El primer paso para iniciar una despedida es que realmente deseemos despedirnos.
Pero una cosa es lo que deseamos conscientemente , lo que se dice o el pedir ayuda, y otra muy distinta lo que deseamos inconscientemente, las resistencias que tenemos a cancelar esa historia de nuestra vida, a despedirnos realmente, lo que hacemos para recuperar lo perdido.
miércoles, 12 de marzo de 2008
Aprender a despedirte, aprender a reciclar
Aprender a despedirte, aprender a reciclar:
Quizás no nos demos cuenta pero a lo largo de toda nuestra vida estamos diciendo adiós continuamente. Adiós a nuestra infancia cuando entramos en la pubertad, a nuestra adolescencia cuando entramos en la juventud, a la juventud de nuestros cuerpos cuando nos hacemos más mayores, a nuestras hijas o hijos cuando crecen, cuando crean sus espacios de independencia o cuando dejan la casa, adiós a las personas que nos cuidaron durante nuestra infancia y la relación que teníamos con ellas, al trabajo que hemos tenido, a la casa en la que vivimos, a la amistad que se desplaza o que ya no consideramos como tal, a la persona querida que se muere, a un amor que deja de serlo….
Cada período de nuestra vida deja atrás cosas que son irrecuperables, lo que ha sido, ha sido, es el pasado.
El presente es otra cosa, contiene elementos del pasado pero es otra situación abierta a otras posibilidades y contiene el germen del futuro, que tampoco existe.
Vivir el presente implica estar disponible para ir diciendo adiós al pasado, para cerrar episodios, etapas de nuestra vida. No para olvidarlos, sino para integrarlas como experiencia vital con todo lo bueno y lo malo que tuvieron y para poder integrarlas en su conjunto como una experiencia de aprendizaje para el presente.
Lo que olvidamos realmente no queda eliminado, sino que queda almacenado a nivel inconsciente, enquistado y a la larga actúa sin darnos cuenta y nos hace daño. Lo que recordamos, aunque sea con dolor, y podemos perdonar tras todo el duelo que haga falta, lo reciclamos emocionalmente y lo convertimos en experiencia positiva. Para olvidar hay que recordar.
Quizás no nos demos cuenta pero a lo largo de toda nuestra vida estamos diciendo adiós continuamente. Adiós a nuestra infancia cuando entramos en la pubertad, a nuestra adolescencia cuando entramos en la juventud, a la juventud de nuestros cuerpos cuando nos hacemos más mayores, a nuestras hijas o hijos cuando crecen, cuando crean sus espacios de independencia o cuando dejan la casa, adiós a las personas que nos cuidaron durante nuestra infancia y la relación que teníamos con ellas, al trabajo que hemos tenido, a la casa en la que vivimos, a la amistad que se desplaza o que ya no consideramos como tal, a la persona querida que se muere, a un amor que deja de serlo….
Cada período de nuestra vida deja atrás cosas que son irrecuperables, lo que ha sido, ha sido, es el pasado.
El presente es otra cosa, contiene elementos del pasado pero es otra situación abierta a otras posibilidades y contiene el germen del futuro, que tampoco existe.
Vivir el presente implica estar disponible para ir diciendo adiós al pasado, para cerrar episodios, etapas de nuestra vida. No para olvidarlos, sino para integrarlas como experiencia vital con todo lo bueno y lo malo que tuvieron y para poder integrarlas en su conjunto como una experiencia de aprendizaje para el presente.
Lo que olvidamos realmente no queda eliminado, sino que queda almacenado a nivel inconsciente, enquistado y a la larga actúa sin darnos cuenta y nos hace daño. Lo que recordamos, aunque sea con dolor, y podemos perdonar tras todo el duelo que haga falta, lo reciclamos emocionalmente y lo convertimos en experiencia positiva. Para olvidar hay que recordar.
La despedida
El duelo forma parte también del proceso amoroso. Continuamente se hacen duelos. Todo proceso implica camibos: los cambios implican pérdidas, cosas que dejas y, por lo tanto, despedidas y duelos, dolor.
Aceptar la transformación del enamoramiento idealizado a la vivencia de un amor con realismo implica un duelo.
Las crisis de pareja son situaciones de duelo: algo se rompe, algo se deja atrás en cada una de ellas. Pero los duelos ayudan tamibén, no sólo a cancelar cosas sino a cambiar o a disponerse para los cambios.
Todo duelo implica cancelaciones y generalmente un cierto sufrimiento.
El desamor, como todo cambio, tiene unos ritmos. Puede suceder de forma rápida, bruscamente o de forma lenta, poco a poco, unidireccionalmente o bidireccionalmente. Evidentemente el más llevadero cuando el desamor se produce por ambas partes, y además cuando se da lentamente, con tiempo para asumirlo e integrarlo. Pero es dificilmente sucede esta coincidencia en las relaciones.
Aceptar la transformación del enamoramiento idealizado a la vivencia de un amor con realismo implica un duelo.
Las crisis de pareja son situaciones de duelo: algo se rompe, algo se deja atrás en cada una de ellas. Pero los duelos ayudan tamibén, no sólo a cancelar cosas sino a cambiar o a disponerse para los cambios.
Todo duelo implica cancelaciones y generalmente un cierto sufrimiento.
El desamor, como todo cambio, tiene unos ritmos. Puede suceder de forma rápida, bruscamente o de forma lenta, poco a poco, unidireccionalmente o bidireccionalmente. Evidentemente el más llevadero cuando el desamor se produce por ambas partes, y además cuando se da lentamente, con tiempo para asumirlo e integrarlo. Pero es dificilmente sucede esta coincidencia en las relaciones.
El desamor y la muerte

Las razones por las que alguien decide romper la relación amorosa de pareja o el vínculo establecido no importan demasiado. ¿qué más da la causa?. Si alguien realmente desea partir hay que aceptar sus razones.
Comprendámoslas o no, sean razonables o absurdas, estemos o no de acuerdo, responden al deseo de partir de la persona, y es una realidad que hemos de aceptar.
Cuando paso esto debemos de atravesar distintas fases para poder hacer el duelo, la despedida de lo que fue y aceptar lo que es.
Primera fase que debemos atravesar: negación y aislamiento:
La negación funciona como un amortiguador después de la noticia inesperada e impresionante, permite recobrarse, y con el tiempo, mover otras defensas, menos radicales.
La primera reacción de la persona que se enfrenta a un pérdida puede ser un estado de conmoción temporal del que se recupera gradualmente. Cuando la sensación general de estupor empieza a desaparecer y consigue recuperarse, su respuesta habitual es “No , no puedo ser yo”
Segunda fase: ira: cuando no se puede seguir manteniendo la primera fase de negación, es sustituida por sentimientos de ira, rabia, envidia, y resentimiento. Lógicamente surge la siguiente pregunta: “¿por qué yo?”
Tercera fase: pacto: esta fase es menos conocida pero igualmente útil para la persona que sufre una pérdida, aunque sólo durante breves períodos de tiempo. Si no hemos sido capaces de afrontar la triste realidad en el primer período, y nos hemos enojado con la gente y con Dios en el segundo, tal vez podamos llegar a una especia de acuerdo que posponga lo inevitable.
El pacto es un intento de posponer los hechos, incluye un premio “ a la buena conducta”, además fija un plazo de “vencimiento” impuesto por la misma persona, y la promesa implícita de no pedir nada si se le concede este aplazamiento.
Cuarta fase: depresión:
Su insensibilidad o estoicismo, su ira o su rabia serán pronto sustituidos por una gran sensación de pérdida.
Se pueden dar también sentimientos de culpa o vergüenza.
Quinta fase: la aceptación: si una persona, que ha tenido una pérdida, ha tenido bastante tiempo y se le ha ayudado a pasar por las fases antes descritas, llegará a una fase en la que se “destino” no le deprimiría ni le enojará.
No hay que confundirse y creer que la aceptación es una fase feliz. Está casi desprovista de sentimientos. Es como si el dolor hubiera desaparecido, la lucha hubiera terminado y llegara el momento del “descanso final antes del largo viaje”.
Estas fases constituyen en sí mismas mecanismos de defensa frente a situaciones difíciles, duran diferentes períodos de tiempo, y se reemplazarán unos a otros o coexistiendo a veces.
El desamor, cuando es irreversible, hay un momento en que se conoce esa irreversibilidad, tiene que poder ser aceptado. Eso requiere una preparación, un tiempo en que todo nuestro cuero se prepara para la despedida. Todo nuestro cuerpo, está implicado. A veces quisiéramos-mental, intelectualmente-hacer una despedida rápida, pero nuestras emociones nos lo impiden y nuestro cuerpo no está preparado.
Toda la amalgama de sentimientos por los que se atraviesa, de estados de ánimo, de fantasías y fantasmas (miedos), comportamientos de búsqueda de acercamiento y alejamiento, corresponden al proceso de desajuste entre el pensar, el sentir y el actuar, entre lo corporal, lo emocional y lo mental. Cuando se integra totalmente, con todo nuestro cuerpo sensitivo, pensante, emotivo y espiritual la despedida, se puede decir que ya hemos pasado el duelo y nos hemos despedido. A partir de ahí la personas requerirá otro tiempo para hacer una nueva apertura, iniciar un nueva etapa, renacer a otro momento.
Comprendámoslas o no, sean razonables o absurdas, estemos o no de acuerdo, responden al deseo de partir de la persona, y es una realidad que hemos de aceptar.
Cuando paso esto debemos de atravesar distintas fases para poder hacer el duelo, la despedida de lo que fue y aceptar lo que es.
Primera fase que debemos atravesar: negación y aislamiento:
La negación funciona como un amortiguador después de la noticia inesperada e impresionante, permite recobrarse, y con el tiempo, mover otras defensas, menos radicales.
La primera reacción de la persona que se enfrenta a un pérdida puede ser un estado de conmoción temporal del que se recupera gradualmente. Cuando la sensación general de estupor empieza a desaparecer y consigue recuperarse, su respuesta habitual es “No , no puedo ser yo”
Segunda fase: ira: cuando no se puede seguir manteniendo la primera fase de negación, es sustituida por sentimientos de ira, rabia, envidia, y resentimiento. Lógicamente surge la siguiente pregunta: “¿por qué yo?”
Tercera fase: pacto: esta fase es menos conocida pero igualmente útil para la persona que sufre una pérdida, aunque sólo durante breves períodos de tiempo. Si no hemos sido capaces de afrontar la triste realidad en el primer período, y nos hemos enojado con la gente y con Dios en el segundo, tal vez podamos llegar a una especia de acuerdo que posponga lo inevitable.
El pacto es un intento de posponer los hechos, incluye un premio “ a la buena conducta”, además fija un plazo de “vencimiento” impuesto por la misma persona, y la promesa implícita de no pedir nada si se le concede este aplazamiento.
Cuarta fase: depresión:
Su insensibilidad o estoicismo, su ira o su rabia serán pronto sustituidos por una gran sensación de pérdida.
Se pueden dar también sentimientos de culpa o vergüenza.
Quinta fase: la aceptación: si una persona, que ha tenido una pérdida, ha tenido bastante tiempo y se le ha ayudado a pasar por las fases antes descritas, llegará a una fase en la que se “destino” no le deprimiría ni le enojará.
No hay que confundirse y creer que la aceptación es una fase feliz. Está casi desprovista de sentimientos. Es como si el dolor hubiera desaparecido, la lucha hubiera terminado y llegara el momento del “descanso final antes del largo viaje”.
Estas fases constituyen en sí mismas mecanismos de defensa frente a situaciones difíciles, duran diferentes períodos de tiempo, y se reemplazarán unos a otros o coexistiendo a veces.
El desamor, cuando es irreversible, hay un momento en que se conoce esa irreversibilidad, tiene que poder ser aceptado. Eso requiere una preparación, un tiempo en que todo nuestro cuero se prepara para la despedida. Todo nuestro cuerpo, está implicado. A veces quisiéramos-mental, intelectualmente-hacer una despedida rápida, pero nuestras emociones nos lo impiden y nuestro cuerpo no está preparado.
Toda la amalgama de sentimientos por los que se atraviesa, de estados de ánimo, de fantasías y fantasmas (miedos), comportamientos de búsqueda de acercamiento y alejamiento, corresponden al proceso de desajuste entre el pensar, el sentir y el actuar, entre lo corporal, lo emocional y lo mental. Cuando se integra totalmente, con todo nuestro cuerpo sensitivo, pensante, emotivo y espiritual la despedida, se puede decir que ya hemos pasado el duelo y nos hemos despedido. A partir de ahí la personas requerirá otro tiempo para hacer una nueva apertura, iniciar un nueva etapa, renacer a otro momento.
sábado, 1 de marzo de 2008
El desamor, hacer los duelos necesarios
El amor es una sensación de apertura, de paz interior y de paz también con el exterior.
A lo largo de nuestra vida vivimos frustaciones que se vivencian como desamores. Son heridas que hay que cerrar. Cuando esto no está elaborado estamos más en el cierre que en la apertura: tenemos rencor, resentimiento. A veces nos abrimos a nuevas experiencias amorosas; sin estar en paz con las anteriores.
Hay otros duelos pendientes que tienen que ver más con las relaciones materno/ paterno-filiales en la infancia o la adolescencia. Y por supuesto, los que tenemos sin resolver de nuestra edad adulta en los vínculos amorosos.
El no darnos cuenta de aquellos duelos que tenemos pendientes de elaborar puede abocarnos a establecer relaciones amorosas en donde se reproduzcan miedos o peleas pendientes con nuestro padre o nuestra madre, alguna pareja, y no podamos relacionarnos realmente con quien tenemos delante, no sintiéndonos personas completamente abiertas y libres a la experiencia amorosa sino con un fardo pesadao que arrastramos en el camino.
Fina Sanz
A lo largo de nuestra vida vivimos frustaciones que se vivencian como desamores. Son heridas que hay que cerrar. Cuando esto no está elaborado estamos más en el cierre que en la apertura: tenemos rencor, resentimiento. A veces nos abrimos a nuevas experiencias amorosas; sin estar en paz con las anteriores.
Hay otros duelos pendientes que tienen que ver más con las relaciones materno/ paterno-filiales en la infancia o la adolescencia. Y por supuesto, los que tenemos sin resolver de nuestra edad adulta en los vínculos amorosos.
El no darnos cuenta de aquellos duelos que tenemos pendientes de elaborar puede abocarnos a establecer relaciones amorosas en donde se reproduzcan miedos o peleas pendientes con nuestro padre o nuestra madre, alguna pareja, y no podamos relacionarnos realmente con quien tenemos delante, no sintiéndonos personas completamente abiertas y libres a la experiencia amorosa sino con un fardo pesadao que arrastramos en el camino.
Fina Sanz
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